Después de efectuar la salida desde el aparcamiento del Sprinter de Armilla, tomamos la carretera de la Malahá hacia Alhama de Granada, para coger un desvío que hay a la salida de Alhama en dirección a Arenas del Rey, donde a los pocos metros nos desviamos por un camino rural donde aparece la indicación de La Maroma, que nos lleva a la zona del Robledal, punto de inicio de la caminata.
En este lugar existe la posibilidad de realizar acampadas, muy interesante para pasar un buen fin de semana.
El camino transcurre por un magnifico pinar y pocos robles (la verdad) que con una leve pero contínua subida nos lleva hacia el paso llamado Contadero, porque debido a su estrechez, se utilizaba para contar el ganado. A partir de ahí, el ascenso es muy pronunciado, requiriendo de nuestro mayor esfuerzo, con el camino en zig-zag, pero de unas vistas impresionantes desde los miradores naturales que hay en el trayecto, como éstas del Valle del Temple. Aquí se estira un poco el grupo para acomodarse a los ritmos de cada uno, hasta que salimos del bosque y coronamos el Collado de Rojas, donde se supone que hay una fuente que no hemos visto.
Ya en lo alto del Collado empieza a verse la costa de Málaga (Torre del Mar, Vélez Málaga, Caleta de Vélez) y los pueblos de la Axarquía (Cómpeta, Canillas de Aceituno) que una pequeña niebla no nos impide ver, pero que amenaza con cubrirlo todo, como así ocurrió al regreso.
Desde este punto, la senda está difícil de localizar, si no fuera por las marcas de pintura sobre las rocas y los montoncitos de piedras. Después de pasar un tajo enorme y espectacular, tenemos la cumbre al alcance de la mano, o más bien de los pies, pero es que nunca llega. Por el camino encontramos un rebaño de cabras domésticas que no sé qué van a pastar, porque hierba hay poca...y, por fín, se divisa el vértice geodésico, final de etapa y lugar de descanso y comida.
Cuando llegamos arriba, nos encontramos que todavía hay que subir el monolito geodésico para alcanzar el punto más alto, así que ahí me tenéis. La vista, "increíble", porque ya las nubes impedían ver nada más que eso: un manto de nubes de algodón que lo tapaban todo. En fín, qué se le va a a hacer; a comer, reponer fuerzas, esperar a Jose y a Juan que se han retrasado, y charlar con otros montañeros de Jaén que han subido desde Canillas y Alcaucín. Lo que sí pude divisar desde ese mirador privilegiado fue a un grupo de tres locos que subían a La Maroma corriendo (ufffff) y venían hablando entre ellos. El mundo está lleno de locos. (O será envidia).
Y ya toca bajar de nuevo por donde hemos subido, repuestos y contentos, encontrando bastante gente que lo hacen a esa hora, menos mal que el aire es fresco.
El descenso, aunque cómodo, se hace tedioso, por lo que José Antonio y yo metemos la cuarta, para después tener que esperar a los demás...es que estábamos locos por pillar una birra, o dos.
A las tres de la tarde emprendemos el regreso a casa. Eduardo va delante y parece que no tiene intención de parar, por lo que Antonio lo adelanta y hacemos parada en La Malá. Unas cervecillas, charla distendida cambiando impresiones de la jornada y hasta la próxima......







Un precioso reportaje, Manolo, como siempre. Sobra decir que me quedé con unas ganas tremendas de ir a esa excursión, es una de las mejores que he hecho hasta ahora. Espero que volvamos a tener más oportunidades de ir .... y que esta maldita alergia no dure muchgo más, que quiere acabar conmigo, pero yo soy más fuerte! :)
ResponderEliminarMuchos besos a todos,
Silvia